El tomate cherry es uno de los favoritos en huertos urbanos por su productividad y su sabor dulce. Sin embargo, para que entregue todo su potencial, necesita algunos cuidados específicos. Al igual que otros tomates, requiere abundante sol y un sustrato rico en materia orgánica. En macetas, es fundamental usar recipientes profundos que permitan un buen desarrollo de raíces, ya que una planta bien enraizada produce más y mejores frutos.
El riego es clave: el tomate cherry prefiere suelos constantemente húmedos, pero nunca encharcados. En verano, esto puede significar regar casi a diario, dependiendo de la temperatura y la exposición solar. Un riego irregular —pasar de sequía a exceso— suele provocar problemas en la planta y afecta la calidad del fruto. Mantener una rutina estable ayuda a obtener tomates más firmes y sabrosos.
Como es una planta de crecimiento vigoroso, necesita tutores o espalderas para sostener los racimos, que pueden ser bastante pesados. También conviene revisar periódicamente la presencia de plagas como pulgones o mosquita blanca, actuando de forma temprana con métodos naturales. Con estos cuidados simples, el tomate cherry se transforma en una fuente constante de frutos frescos, ideales para ensaladas, colaciones y preparaciones rápidas.