El pimentón Asti es una variedad que aporta color, volumen y sabor a la huerta casera. Sus frutos carnosos y dulces son ideales para ensaladas, salteados y preparaciones al horno, por lo que se transforma rápidamente en un protagonista de la cocina familiar. Desde el punto de vista del cultivo, es una planta que se adapta muy bien a macetas y espacios reducidos, siempre que reciba la luz y el cuidado que requiere.
Esta especie necesita temperaturas templadas y una buena exposición al sol. Un balcón resguardado, una terraza abrigada o un rincón del jardín con buena luz son espacios ideales. El sustrato debe permitir que el agua drene con facilidad, pero al mismo tiempo retenga suficiente humedad para que las raíces no sufran estrés. Por eso, una base de tierra mezclada con compost y un material que ayude a la aireación —como perlita o arena— suele dar muy buenos resultados.
El riego del pimentón Asti debe ser cuidadoso y constante. Se recomienda evitar los extremos de sequedad y encharcamiento, manteniendo una humedad uniforme en el sustrato. En etapas de floración y cuajado de frutos, la planta demandará algo más de agua, pero siempre sin llegar a saturar el suelo. Un manejo equilibrado del riego, combinado con aportes periódicos de nutrientes orgánicos, ayuda a que los frutos se desarrollen con buen tamaño, paredes firmes y un sabor más intenso.
A medida que los frutos crecen, es posible que algunas ramas necesiten apoyo para no doblarse por el peso. También es recomendable observar la planta con frecuencia para detectar a tiempo la presencia de plagas y actuar con métodos amigables con el medio ambiente. Ver cómo los pimentones pasan del verde a colores más intensos y cosecharlos en el punto justo de madurez es una recompensa concreta para quienes apuestan por una huerta que combine estética, productividad y alimentación saludable.